Miguel Hernández y el flamenco.

Los versos de Miguel Hernández se adactan al flamenco como un guanteVIENTOS DEL PUEBLO.

 

Pocos casos podemos encontrar tan ejemplares como el de Miguel Hernández a la hora de mostrar la coherencia que  vida y obra han de concurrir como un todo indisoluble  en la vida de un autor. Miguel Hernández nació al mundo de la poesía desde su más temprana infancia de pastor de cabras, con las dificultades que la penuria y la necesidad concitan en el seno de una familia humilde, apenas sin estudios ni medios de ninguna clase. Desde esas circunstancias casi imposibles, mal escolarizado y retirado a la fuerza de los estudios, Miguel fue capaz de aprender  y asimilar todos los recursos del lenguaje poético para convertirse  en un poeta singular, luminoso y telúrico, diáfano y universal. El claro-oscuro de sus muchas desdichas sirvieron, en un sentido imponente de resistencia y valentía, para elevarse sobre todos los obstáculos por el camino de una exigencia personal y artística que aún siendo muy joven y a la sombra de la imponderable Generación del 27, le convirtieron en un autor imprescindible. Su poesía enraizada en el pueblo, en la naturaleza y en lo que él llamó “las tres heridas”, la de la vida, la del amor, la de la muerte, reúne la fuerza de una intuición que bebe tanto de la tradición poética como del vanguardismo más contemporáneo o del realismo social. Es, Miguel Hernández, un caso ejemplar de autodidactismo que por la vía de la lectura y la sensibilidad alcanza cotas expresivas extraordinarias en unas circunstancias dramáticas que marcaron su biografía hasta su pavorosa muerte por tuberculosis en el la cárcel de Alicante con 31 años. La tensión y la intensidad de su vida se muestran en su obra de una forma meridiana. Entusiasmo republicano, Guerra y horror, candor amoroso y la represión final tras su detención en la huida hacia Portugal y la enfermedad visitándole en los múltiples penales en los que la feroz represión y abandono le llevaron a su temprana muerte.

El poeta-pastor nos muestra cómo transformar circunstancias dolorosas en arrebato y elevación, cómo desde la más humilde cuna se puede ser un singular ejemplo de vida y entrega  al servicio de una pasión generosa y vivificante que tiene en su centro al individuo y también a la sociedad circundante, ese pueblo humilde, humillado y sometido a la ignorancia y la injusticia. Con su poesía Miguel Hernández nos abrió la ventana  de la  sensibilidad y del amor a la vida  y el ansia indeleble por la Libertad siempre en precario, siempre sometida a los más indeseables desmanes.

I.R.M.

 

 

 

MIGUEL HERNÁNDEZ flamenco”.

 

¿Puede encajar la poesía de M. Hernández en los palos flamencos? Fue un reto intentarlo, aunque ya Enrique Morente músico algunos poemas hace unos años.

La dificultad mayor era sin duda el ritmo, los ritmos endiablados y exigentes de los palos flamencos, el famoso compás. No había duda en que sus letras, sus contenidos eran flamencos. Son hondos, sentidos, dramáticos versos  que coincidían irremediablemente con el trasfondo general de las letras flamencas de siempre… Sin embargo después de varios intentos en nuestro taller flamenco de alumnos-as del

I.E.S.  H. Lanz, llegamos a la conclusión de que sí, de que era posible. Fruto de esas probaturas y ensayos surgió una soleá apolá (viejo estilo casi en desuso) para “el niño yuntero”. “Aceituneros”, encajó por alegrías. “Elegía” por malagueñas. “Soledad” por tientos…etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Soleá

 

EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo ha nacido

Más humillado que bello

Con el cuello perseguido

Por el yugo en el cuello

Me duele este niño hambriento

Como una grandiosa espina

Y su vivir ceniciento

Revuelve mi alma de encina

¿Quién salvará este chiquillo

Menor que un grano de avena?

¿de dónde saldrá el martillo

Verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón

De lo hombres jornaleros

Que antes de ser hombre son

Y han sido niños yunteros.

 

Malagueñas

ELEGÍA

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Tientos

 

SOLEDAD

En esta siesta de otoño

Bajo este olmo colosal

Que ya sus redondas hojas

Al viento comienza a echar

Te me das tú plenamente

Dulce y sola soledad.

Un pájaro solamente

El mismo de todas las siestas

Tecleando en el álamo

Su trinada musical

Veloz, como si tuviera

Mucha prisa en acabar

¡Cual te amo ! ¡Cual te agradezco!

Este venirme a dar

En esta siesta de otoño

Bajo este olmo colosal

Tan dulce, tan plenamente

Y tan sola soledad

Granainas

VIENTOS DEL PUEBLO

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Seguiriya

 

Cogedme, cogedme.

Dejadme, dejadme

Fieras, hombres, sombras,

Soles flores, mares

Cogedme.

Dejadme.

 

 

 

 

Fandangos de Huelva

PASTORIL

Junto al río transparente

El astro rubio colora

Y riza el aura naciente

Llora leda la pastora

¡Su pastor la ha abandonado!

A la ciudad se marchó

Y solita la dejó

A la vera del ganado

Mas cobra su antiguo brío,

Y hermosamente serena,

Sepulta su negra pena

Entre lasa aguas del río

Reina un silencio sagrado…

¡Ya no llora la pastora!

¡Después parece que llora

Llamándola, su ganado!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alegrías

 

ACEITUNEROS

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,

Andaluces de Jaén,

Pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

Miguel Hernández Flamenco


4 Responses to Miguel Hernández y el flamenco.

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